La alegría del reencuentro

“Ten buena conciencia y tendrás siempre alegría. Si alguna alegría hay en el mundo la tiene seguramente el hombre de corazón puro” Thomas de Kempis

 

Hace unos meses tuve que ir a recoger a una persona al aeropuerto y su vuelo se atrasó 3 horas. En esas 3 largas horas no sabía que hacer y me puse a dar vueltas por el aeropuerto escuchando música.

 

A las 2 horas de dar vueltas me cansé y me senté justo enfrente de la salida de la terminal donde esperaba a la persona que iba a recoger. Me puse a observar a mi alrededor. ¡Lo que se aprende observando un poco!

 

Posiblemente, en la terminal de llegadas hay más alegrías que en la de salidas y Yo estaba justo en el momento y sitio adecuado para ver algo que me llenó el corazón.

 

En el momento que veía salir a la gente y se reencontraba con sus familiares y seres queridos, observaba sus rostros felices,  observaba sus miradas penetrantes, observaba sus ojos con lágrimas de alegría, observaba sus sonrisas llenas de gozo,  en definitiva veía el rostro de Dios en las personas. Siempre he pensado que la sonrisa es el reflejo de Dios en el alma de la persona y ese día lo reafirmé.

 

¡Dios estaba allí en medio de nosotros! La parábola del hijo pródigo es REAL. El reencuentro del hombre con Dios es como la terminal de llegadas de los aeropuertos. Dios nos espera con los brazos abiertos a pesar de nuestros múltiples caídas, a pesar de nuestros desenfrenos y pasiones, a pesar de todas las traiciones que podamos cometer en la vida y que Él ya sabe que cometeremos en un futuro.

 

No hay mayor alegría que el reencuentro con nuestro Creador y podemos reencontrarnos con Él:

 

-       Cuando nos confesamos y pedimos al Padre que abrace nuestras miserias y nos infunda su Amor.

-       Cuando asistimos a la Santa Misa y comulgamos para que su corazón impulse con fuerza nuestra vida.

-   Cuando sonreímos al mendigo, al conductor de autobús, al vecino, al compañero de trabajo, a la cajera del supermercado.

-    Cuando abrazamos a un familiar o a una persona necesitada de Amor.

-       Cuando alabamos y adoramos a nuestro Señor con fe.

-       Cuando, en definitiva, cumplimos su voluntad.

 

¡Queremos reencontrarnos contigo Señor! ¡Queremos reencontrarnos contigo Madre! ¡Abrázanos con ternura!

 

Del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-3.11-32


En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y come con ellos. Entonces les dijo esta parábola. Dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre. Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta. Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano. "El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!" Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."

 

 

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Comentarios: 1
  • #1

    J.M. (martes, 29 septiembre 2015 22:35)

    La alegría es fruto del Espíritu Santo! No nos escandalicemos por los pecadores porque muchos irán al cielo antes que nosotros.

 

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