Llamados a ser santos

Estamos a las puertas de iniciar el mes de octubre que viene cargado de eventos, es el mes del rosario, el mes de las misiones (DOMUND) y además en este año se dan dos efemérides que el Papa Benedicto XVI nos invita a tener bien presentes: el 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y el vigésimo aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. Son fechas importantes en la historia reciente de la Iglesia que durante todo este próximo año recordaremos con una invitación concreta a renovar la fe.

 

Por eso antes de comenzar ese “año de la fe” convocado por el papa sería interesante que tuviéramos presentes la llamada universal a la santidad de la que habla el Concilio Vaticano II. Muchas veces hemos creído que esto era exclusivo de los religiosos/as o los sacerdotes, de hecho hasta el Concilio Vaticano II así se creía, sin embargo la Iglesia nos recuerda que todos los que seguimos a Jesucristo estamos llamados a dar los frutos de la santidad. El mismo Señor llama por este camino a sus discípulos “sed santos como vuestro padre es santo” (Mt 5, 48). Teniendo en cuenta que estas palabras son pronunciadas en el sermón de la montaña no son exclusivas para el grupo de los doce, sino para todos los oyentes que estaban allí congregados en las montañas de Galilea. Por tanto, esta vocación a la santidad, es también para cada uno de los cristianos de hoy.

 

Muchas veces, parecemos contentarnos con mínimos, es decir, con el cumplir, pero ¿debe ser esta la condición del cristiano? Para aquellos que se llaman no practicantes (que en el fondo es como poco indiferentismo religioso) quizá podría ser, pero para el que realmente quiere seguir a Jesucristo no es suficiente. La vocación a la que estamos llamados es de máximos. Conformarnos con los mínimos sería entrar en la mediocridad, conduciéndonos esto a una pobreza de vida. El ser cristianos no es un traje que uno se pone o se quita en determinados momentos, sino que impregna toda la realidad del hombre y encauza el SER de la persona. Lógicamente aparecerán momentos en nuestra vida en la que no seamos capaces de “dar la talla”, ese es el momento clave, donde podemos comprobar que hemos puesto nuestra confianza en nosotros y no en el Señor. Es el momento de acudir a la misericordia divina a través del sacramento de la penitencia y volver a retomar el camino de la santidad.

 

A esto es a lo que nos llama profundamente este año de la fe que vamos a iniciar el próximo 11 de octubre. Pongámonos todos en marcha, porque de nuestra renovación interior y proyecto de conversión dependerá que la Iglesia, pueda ser evangelizadora y seguir convocando a los hombres al seguimiento de Cristo.

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Comentarios: 4
  • #1

    Víctor (lunes, 01 octubre 2012 00:38)

    Muchas gracias D.Adolfo me ha encantado su artículo dando en el clavo en el camino de santidad. Es la "hora de los laicos" decía el Siervo de Dios P.Tomás Morales SI (que está en proceso de beatificación). El Concilio Vaticano II nos llama a la santidad y además es clave para entender la nueva etapa de la Iglesia. Decía el Papa Juan Pablo II que el Concilio es la "brújula del siglo XXI", ojalá sigamos bien el rumbo en este año de la fe comienza y que mejor que comenzar nuestro camino de santidad que rezando el rosario ¿No?

    Le encomiendo. Un saludo.

  • #2

    MISIONERO (jueves, 04 octubre 2012 20:58)

    Somos hijos de nuestro tiempo y por tanto el punto de partida es de mínimos: Esclavos de las comodidades, inmersos en la sensualidad y los placeres... ¿Que podemos esperar? ¿Santidad?
    Antonio, primero debemos renunciar a nuestro pecado... y muy pocos lo hacen...

  • #3

    JORGE (jueves, 11 octubre 2012 22:52)

    D. Antonio, cada vez veo más necesario la evangelizacion, la misión. Solamente el que experimenta el anuncio de Cristo es capaz de renovar su fe. Quizás por esto la N. Evangelización se centre tanto en este punto. El que no da, se queda sin nada, es una paradoja, la paradoja de la fe.

  • #4

    DRAGON (miércoles, 14 noviembre 2012 21:19)

    La Vocación a la Santidad es de máximos, pero vivimos tiempos de mínimos. Los católicos de hoy, somos light y creo que no damos la talla en general ninguno. Somos hijos de nuestro tiempo...

 

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