El perdón ofrecido hasta el extremo

 

             Hace pocos días celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. La liturgia centraba la mirada en la contemplación misma del misterio de Dios. Se nos invitaba a mirar directamente al sol y dejarnos irradiar por su calor.

            ¿Qué es, por tanto, Dios? Un misterio insondable de amor, de tal manera, que solo podemos descubrir el misterio dejándonos amar. No hay otro camino para acercarse a este misterio, nada valen los razonamientos o especulaciones, solo vale dejarse amar.

            Dios no es, pues, una idea fruto del consenso de alguien, Dios es real, es vida continua, es amor entregado. Sabemos que es real porque vemos todos los días su acción en gente tan diversa que ve transformada su vida tan pronto se han dejado amar.

            Pare, entonces, sencillo alcanzar ese encuentro transformador, tú no tienes que hacer nada, solo dejarte amar y, a partir de ahí, iniciarse en un nuevo camino de amor.

            Pero esto, que parece sencillo y al alcance de todos, no es tarea tan liviana como pudiera pensarse, porque ahí es donde encontramos la verdadera dificultad, ya que no siempre podemos dejarnos amar. ¿Cuáles son las razones de esto? Veámoslas.

  1. Confundir el amor con el sentimiento
  2. Buscar únicamente lo placentero
  3. Experimentar que nadie te puede amar

¿Cómo Dios me va a querer a mí así? Nos podemos preguntar. Detrás de esta pregunta vuelve a estar el demonio, que se manifiesta como soberbia, de tal modo, que terminas relacionándote, en el mejor de los casos, con Dios también desde la apariencia como lo haces con el resto de la gente. Esto te lleva a abandonar el sacramento de la penitencia aunque sigas frecuentando la Eucaristía. ¡Si tuviéramos la experiencia de san Pablo! Él se ha dado cuenta que Dios lo ha amado siendo un criminal. “Cristo murió por los impíos –en verdad, apenas habrá quien muera por un hombre justo, por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir- mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo todavía nosotros pecadores, murió por nosotros” (Rom 5, 6-8).

            Por eso el domingo siguiente de haber celebrado la solemnidad de la Santísima Trinidad, la liturgia de la Iglesia nos presentaba la fiesta del Corpus Christi. La Eucaristía como memorial de la entrega de Cristo por amor: “por vosotros” (Lc 22, 20), los que os habéis dejado amar, y “por muchos” (Mc 14, 24; Mt 26, 29), sin exclusión, hasta del más grande de los pecadores. Por tanto, Dios nos muestra la grandeza de su amor que entrega a su hijo para “rescatar a los que se hallaban bajo la ley” (Gal 4, 5), es decir, esclavos de nuestros pecados.

            Ahora la liturgia nos presenta el Sagrado Corazón de Jesús, y lo hace en Viernes, día de la muerte de Cristo, día de la misericordia, para que tu corazón hable con el suyo, para que nuevamente te dejes amar.

            “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1, 52), canta María en el Magnificat. ¡Cuántas dosis de humildad necesitamos para dejarnos amar! Sólo así podemos amar. De esta manera no buscarás tu propio interés, habrás descubierto realmente el amor de Dios, buscando agradarle a él independientemente de que te agrade a ti. Por eso la primera petición que nunca debiera faltar en nuestra oración es “dame Señor un corazón humilde”, sólo desde aquí podrás recibir la irradiación del amor de Dios, Pero no vayas a pensar que llega entonces el momento de la quietud, sino que la contemplación del misterio nos impulsar a la misión (¡qué bien lo sabía la Beata Teresa de Calcuta!). Ahora es cuando nace una vida nueva, una vida que se dirige exclusivamente a Dios en un verdadero proceso de conversión, poniendo tus pecados en el amor de Dios y viéndolos transformados en innumerables gracias.

            Este nuevo itinerario de vida, nacido del amor de Dios, lleva a reflejar en nuestra vida su amor, es decir, conduce a la santidad, por eso, como alforja para este camino aparece en nuestro auxilio el sacramento de la penitencia como una necesidad. A esto es a lo que invita especialmente el Corazón de Jesús, a confesar nuestros pecados sin temor, porque Él nos ama profundamente. Cuando el miedo o la vergüenza se apoderan de ti y te resistes a acudir a este sacramento es la señal inequívoca que estás siendo dominado por Satanás. Grita fuerte, entonces, como san Ignacio de Loyola:“¡apártate de mí, Satanás, no encontrarás nada en mí que te pertenezca!” Acude raudo a confesar tus pecados y recibir de nuevo el abrazo misericordioso del Padre, que no te juzga sino que te ama.

            Nuestra vida cristiana no debe conformarse con el ser buenos, sino con el ser santos, que es para lo que Dios nos ha llamado y, para esto, necesitamos recibir el perdón de los pecados, porque sin él, dejamos de luchar en nuestra vida para que sea Dios quien resplandezca en ella.

            Jesús ama de tal manera que muere perdonando a quienes lo matan, a nosotros también, que volvemos a matarlo con nuestros pecados.

¡No te apartes del amor de Dios! ¡Déjate amar! Rompe las cadenas que te atan e impiden que te pongas delante del amor de Dios. “Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros? ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?, ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por Aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro” (Rom 8, 31b-35. 37-39).

         

Comentarios: 3
  • #3

    665 (viernes, 15 junio 2012 10:24)

    Creo que hoy en día la gente se aleja de Dios por las comodidades, lo placentero. Los jóvenes son incapaces de no darle a su cuerpo lo que les pide. Me apetece esto, me lo compro... No se vive la austeridad. Que decir de todo el campos sexual. Dos recomendaciones: Fuera Televisión, restringir internet (vía de entrada de toda la pornografía)

  • #2

    Victor (jueves, 14 junio 2012)

    Muy interesante y esclarecedor el articulo. Gracias por ayudarnos a diferenciar el amor del sentimiento.

  • #1

    JORGE (jueves, 14 junio 2012 08:30)

    Que alegría D. Antonio, vaya estreno... Me parece interesante resaltar 3 aspectos que sin duda ayudan a dejarnos amar y que desagravian el Sagrado Corazón de Jesús:

    - Frente al sentimentalismo, la caridad. Decía S.Juan de la Cruz, vale más un acto puro de amor que las acciones externas de todos los predicadores.
    - La Eucaristía es la fuente de todas las gracias, acudir a ella habitualmente, solo en Comunión con Cristo podremos amar como ama Él...
    - Frente a lo placentero, ofrecer pequeños sacrificios, pequeñas renuncias: Hoy me privo de internet, de la cervecita, del azucar, etc. Esto ayuda además a no vivir de la carne, sino a vivir del Espíritu.

    Mucha gracias D.Antonio, nos encomendamos a sus oraciones, especialmente mañana,SOLEMNINDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.