Carta de Julio Lorenzo (miembro de Juventud Misionera)

Ayer salí. Como muchos otros jóvenes en vacaciones. La tercera vez en una semana que salgo a las 10 de la noche de casa con la excusa de celebrar el fin de exámenes. Pero la noche de ayer fue diferente.

 

Iba a casa de Curro, porque estrenaba casita y nos había invitado a unos cuantos para que viéramos su pisito, charláramos, y a la vez compartiéramos unos ricos sándwiches o unas coca-colas (o ron-cola).


Llegué un poco tarde, y la verdad, sin mucha gana. La mayoría de la gente que iban eran de los que en las redes sociales se llaman “amigos de amigos”…vamos, que no les conocería. Pereza máxima. Menos mal que al menos conocía a Víctor, Alberto, y por supuesto, al gran anfitrión, que le conozco de hace muy poco, pero este chico promete. A parte de ser informático y tener montada en la tele un auténtico templo de la música y las películas, es un tío muy entrañable.


Os puedo asegurar que después de unos minutos allí, con esa gente en principio desconocida, he vivido la mejor “noche de celebración fin de exámenes” en lo que va de verano. He estado tan a gusto como no lo estaba hace meses.

 

¿Porqué? ¿Qué tenía de diferente esa noche? Quizás la casita, que era muy agradable y daba a un patio enorme y muy tranquilo. O podría ser la comida, los sándwiches tan ricos, o esa ensalada polaca tan rápida de hacer a la par que exquisita. También me encantó la tele de Curro que reproducía todo tipo de música, que controlaba desde el móvil, y que califico de tecnología punta, muy punta. Pero no, no era eso…Podría ser el Pub al que fuimos, muy bien ambientado en el mundo de los exploradores, con sus camareros al estilo Coronel Tapiocca y su cesta de globo aerostático a modo de mesa. Tampoco…


Me quedé pensando de vuelta a casa, y no fue difícil saber por qué hubo tan buen rollo aquella noche, y cómo fue posible que la gente que conocí hacía escasas horas fuera la gente con la que acabé cantando la canción de Kelly Clarkson como si fueran amigos de toda la vida. A todos nos unía lo mismo. La misma Causa. La misma persona. Y mira que éramos todos muy diferentes: abogados, enfermera, diseñador gráfico, ingeniero, periodista, filóloga, diseñadora, médicos…

 

Conversaciones interesantes, servicialidad, alegría, cervezas y cócteles que saben a gloria entre buena compañía, en definitiva, muy buen rollo. Ayer pude comprobar una vez más que ser cristiano mola. Seguir a Cristo es un camino a veces duro, pero con grandes recompensas. La JMJ, una Adoración, o unas Misiones de Semana Santa unen a pequeñas personas hacia Cristo.

 

Aprendí hace unos pocos años en IUVE que “la categoría de una amistad depende de la categoría de lo que se comparte”. Pues bien, si las 11 personas de ayer compartíamos el camino de acercarnos a Él, que es lo más grande que podemos tener, seremos capaces de comernos el mundo. Gracias a todos por el ejemplo de ayer. Fue un rato muy ameno. Un pedazo de cielo. Estas cosas me animan a seguir adelante con los proyectos de vida cristiana de cara al nuevo curso, me animan a dar gracias por lo privilegiados que somos los que conocemos a Cristo, y en definitiva, me animan a ser mejor cristiano.

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Comentarios: 4
  • #1

    Víctor (miércoles, 11 julio 2012 14:05)

    Gracias Julio por tus palabras, muy bonitas y esclarecedoras.

  • #2

    JORGE (miércoles, 11 julio 2012 17:35)

    Los amigos de verdad son aquellos con los que se comparte la fe y el sentido de la vida

  • #3

    Amalia (lunes, 16 julio 2012 14:27)

    Un amigo, nos recuerda también muchas veces Javier Mula, es ese alguien con el que compartes un "tú también". Y cuanto más grande es ese "tú también" más grande es la amistad. Yo creo que todas, sin embargo, son de verdad y auténticamente verdaderas amistades si lo que se comparte es bueno, aunque no sea la fe. En lo bueno está Dios; en lo bonito, en la armonía, en lo que encaja... ahí está Dios aunque no le veamos.

  • #4

    Amalia (lunes, 16 julio 2012 14:30)

    Gracias por esta carta, por cierto!